Temas del Arte
DOI: 10.26807/cav.v11i21.647
El
Viaje Sonoro como herramienta de
transformación perceptiva: aplicación en el territorio natural de Chinácota
(Colombia)
The Sound
Journey as a Tool for Perceptual Transformation: Application in the Natural
Territory of Chinácota (Colombia)
Biografía
de la autora
Sandra Patricia Bautista Santos. Doctora en Historia y Teoría del Arte
por la Universidad Pablo de Olavide (Sevilla) y licenciada en Bellas Artes por
la Universidad de Málaga. Posee un Máster en Teoría y Práctica de las Artes
Plásticas contemporáneas (UCM) y el Diploma de Estudios Avanzados (UAM).
Actualmente, es profesora ayudante doctora en la Universidad de Huelva,
adscrita al área de Didáctica de la Expresión Plástica. Es investigadora del
grupo «Procesos culturales, creación artística experimental e innovación
docente en artes plásticas y música», y colabora con el Centro de Investigación
en Pensamiento Contemporáneo e Innovación para el Desarrollo Social (COIDESO).
Sus líneas de investigación se centran en la didáctica de la expresión
plástica, la creación artística contemporánea aplicada a la educación y los
estudios de género en el arte.
Código de identificación ORCID: 0000-0002-3104-1361
Resumen
Este estudio
analiza cómo el proyecto artístico Viaje
Sonoro, creado por Juan Fernando Duque, actúa como herramienta de
sensibilización para 40 participantes ante el paisaje sonoro urbano y natural
de Chinácota (Colombia). La propuesta promueve conciencia sobre los elementos
sonoros del entorno y sobre la contaminación acústica, a menudo imperceptible
en la vida cotidiana. Se aplicó un enfoque cualitativo con apoyo descriptivo
cuantitativo, mediante cuestionarios previos y posteriores y observación
directa durante el recorrido. Los resultados muestran que, antes de la
experiencia, existían nociones fragmentadas sobre sonido, ruido, silencio y
entorno sonoro. Durante el viaje, la mayoría identificó con mayor precisión
sonoridades geofónicas, biofónicas
y antropofónicas, evidenciando una escucha más
atenta. Tras la actividad, los 40 participantes afirmaron haber adquirido una
nueva forma de percibir el sonido y 35 reconocieron contaminación acústica en
el territorio. Se concluye que Viaje
Sonoro favorece la sensibilización auditiva y promueve prácticas de escucha
consciente.
Palabras clave: paisaje
sonoro; arte contemporáneo; Colombia; percepción sonora; Viaje sonoro; escucha
consciente; contaminación acústica
Abstract
This study examines how the artistic project Viaje Sonoro, created by Juan Fernando Duque, functions as a tool
for raising awareness among 40 participants regarding the urban and natural
soundscape of Chinácota (Colombia). The proposal
seeks to promote understanding of the sonic elements that shape the environment
and of acoustic pollution, which are often imperceptible in everyday life. A
qualitative approach supported by descriptive quantitative elements was applied
through pre‑ and post‑experience questionnaires and direct observation during
the route. The results show that, prior to the activity, participants held
fragmented notions of sound, noise, silence, and soundscape. During the
journey, most were able to identify geophonic, biophonic, and anthropophonic sounds with greater precision, demonstrating
more attentive listening. After the experience, all 40 participants reported
acquiring a new way of perceiving sound, and 35 recognized acoustic pollution
in the territory. The study concludes that Viaje
Sonoro enhances auditory awareness and promotes conscious listening
practices.
Keywords: soundscape; contemporary art; Colombia; sound perception;
Viaje Sonoro; conscious listening; acoustic pollution
1.
Introducción
El
arte sonoro es una manifestación en constante desarrollo. Por medio de ella, es
posible potenciar la innovación y el desarrollo de nuevos enfoques técnicos,
conceptuales y creativos en el panorama artístico. En el caso de la escena artística
colombiana, su investigación resulta pertinente, ya que, como ha planteado Díaz Matajira (2021), aún “se percibe en una
fase joven, naciente o embrionaria; aún es prematuro o arriesgado establecer
tendencias y elementos identitarios como expresiones distintivas en comparación
con el arte sonoro que se practica en otros países” (p. 351).
A
nivel disciplinar, el arte sonoro comprende un diverso conjunto de
opciones prácticas y creativas, entre las que se destacan: el paisaje sonoro,
las instalaciones, las esculturas y las performances sonoras, la música
experimental, el arte sonoro interactivo o radiofónico. Entre ellas, en este
estudio se da relevancia al paisaje sonoro, que, según Duque Hernández (2018a), basado en
Schafer (2013), es una “perspectiva de apreciar
todos los sonidos del planeta como una enorme composición musical de la cual
somos participantes, en pro de valorar cada sonido y encontrar un equilibrio de
bienestar sonoro” (p.17). Para Cabrelles Sagredo (2006) los paisajes sonoros son:
La voz de una sociedad, un paisaje o
un medio ambiente y que podríamos definir como el conjunto de sonidos del medio,
percibidos por el oído humano: todo suena en nosotros y a nuestro alrededor,
pero, desgraciadamente, no siempre somos conscientes de ello porque nos hemos
acostumbrado a no escuchar. (p.49)
Del
mismo modo, este tipo de paisaje es afectado por las características que lo
envuelven, por ejemplo, es “determinado por el medio (rural o urbano), por la
hora del día (mañana, tarde o noche) y por la situación del observador
(tumbado, sentado, al borde de un acantilado, etc.)” (Cabrelles Sagredo, 2006, p.49).
Dentro
de este se pueden apreciar distintos tipos de sonoridades, clasificadas por Krause (2013), como las geofónicas,
biofónicas y antropofónicas.
Respecto a las geofónicas indica que son las
asociadas con el contexto geográfico y que: “ocurren en cualquier hábitat, como
el viento en los árboles, el agua en un arroyo, las olas en la orilla del
océano, el movimiento de la Tierra” ( Krause,
2013, 1:06), por su parte las biofónicas son aquellas generadas “los
organismos en un hábitat dado en un momento y lugar determinados” (Krause, 2013, 1:19) y las antropofónicas
que son producidas por los seres humanos y “parte de ella es controlada, como
la música o el teatro, pero la mayoría es caótica e incoherente, a lo que
algunos de nosotros nos referimos como ruido” (Krause,
2013, 1:35).
Con
relación a este tipo de sonoridades, autores como Schafer (2013) han dejado patente el riesgo de que la producción no
consciente de sonido, hasta llegar a su saturación, puede llevar a la
generación de contaminación acústica. Según Schafer
(2013) esta se da “Cuando el hombre no escucha con atención. Los ruidos
son los sonidos que hemos aprendido a ignorar” (p.20).
Además, ha señalado que: “el paisaje sonoro del mundo está cambiando. El hombre
moderno está empezando a habitar en un mundo con un entorno acústico
radicalmente diferente de cualquiera en el que haya vivido hasta la fecha” (Schafer, 2013, p. 19). Ante lo que ha
sostenido que:
La contaminación acústica
es ahora un problema mundial. Parece como si en nuestro tiempo el paisaje
sonoro mundial hubiera alcanzado la cúspide de la vulgaridad, por lo que muchos
expertos han profetizado la sordera universal como consecuencia final, de no
ser que el problema sea rápidamente solucionado. (Schafer, 2013, p.19)
Por
este motivo, un artista como Juan Fernando Duque[1]
dedicado a la indagación y exploración sobre el paisaje sonoro, basado en las
reflexiones y aportes de referentes como Schafer
(2013) y Krause (2013) ha resaltado
que:
Volver hoy en día a una
escucha atenta en relación directa con el entorno sonoro como en épocas
anteriores a la revolución industrial, nos abre la posibilidad de apreciar
estéticamente todas las sonoridades, no solo antropofónicas,
sino también las biofónicas (sonidos de seres vivos)
y geofónicas (sonidos del medio ambiente),
percibiendo de manera consciente los entornos de alta y baja definición
acústica, incentivando la reflexión sobre el ruido, su impacto en nuestra salud
auditiva y la alteración de los ecosistemas.
(Duque Hernández, 2018, p.8).
Centrado
en la relevancia de contribuir en el fomento de la conciencia de la percepción
sonora como una medida para contrarrestar la contaminación auditiva, a través
de su proyecto denominado Viaje Sonoro,
como se observa en la Figura 1, disponible en https://elviajesonoro.weebly.com/
Duque Hernández (2018), busca “desarrollar
una experiencia de transformación de la sensibilidad auditiva, dirigida a la
comunidad en general, a través de dinámicas de apreciación y el uso de
interfaces para la escucha atenta del entorno sonoro” (p.10).
Figura
1: Juan Fernando Duque en el entorno sonoro de Chinácota (Norte de Santander).
Fuente:
Página web oficial del proyecto Viaje
sonoro de Juan Fernando Duque, sobre la intervención realizada en Chinácota
(2018), fotografías realizadas @eljavi.lopez,
información disponible en https://elviajesonoro.weebly.com/chinacota
Es
importante aclarar que este estudio justifica la pertinencia de investigar y
visibilizar el trabajo de artistas emergentes que trabajan en el ámbito del
paisaje sonoro en el contexto colombiano. Debido a que, aunque está empezando a
ser cada vez más conocido, su campo de investigación es reducido, incluso como Díaz Matajira (2021) ha señalado que: “Si
estamos hablando de arte sonoro desde las artes plásticas como algo histórico
en Colombia, falta mucho por hacer y hay que hacerlo” (p. 356).
También
es pertinente resaltar que como plantea San
Cristobal (2022) “los elementos sonoros cada vez tienen más presencia en
el arte contemporáneo” (p.261), debido a que este tipo de prácticas artísticas
abordan la relación con elementos de la cotidianidad como el sonido no solo
como fuentes de creación sino como recursos muy potentes de intervención
social, en este caso frente a problemáticas como la contaminación acústica, la
cual es producto del creciente consumo constante de estímulos sonoros, al que
las nuevas generaciones, desde muy tempanas, edades son sometidas y la falta de
conciencia sobre estos.
En
el contexto latinoamericano se pueden destacar propuestas que plantean
reflexiones sobre esta problemática, tales como la del artista Mauricio Orduña,
quien se ha dedicado a crear por medio de su obra un registro sonoro en
Guanajuato, México, como una respuesta y acción de resistencia frente a la
pérdida del entorno sonoro natural por el creciente urbanismo de esta zona. En
sus declaraciones, el mismo artista ha destacado los cambios que se han
producido en el paisaje sonoro de la zona que habita, señalando que: “En las
noches escuchaba lechuzas y de día veía parvadas enormes de aves. Ahora hay muy
poco o nada de eso” (citado en Pineda, 2024,
párr. 4). Frente a esta situación, y como una forma de conservación
decidió emprender el reto de crear un registro sonoro.
Otro
ejemplo relevante en el desarrollo de este tipo de exploraciones en el ámbito
latinoamericano es el artista chileno Fernando Godoy, en este caso se hace
mención a la obra Atacama
22º 54’ 24’’ S, 68º 12’ 25’’ W. En la que a través de los registros sonoros
rememora un viaje consciente en el que rastrea la huella sonora de este
territorio. Según el artista (Godoy, s. f.)
hace uso de sus grabaciones para hacer evidente cómo el fenómeno del ruido
urbano invade significativamente espacios públicos y naturales, planteando así
una escucha crítica del entorno.
Para
ampliar el aporte de los referentes existentes y fortalecer el campo de
estudio, este artículo presenta una descripción reflexiva del proyecto Viaje Sonoro, creado por Juan Fernando
Duque, donde se abordan sus características, objetivos y fases de evolución,
así como los elementos que configuran las experiencias desarrolladas en
Chinácota (Colombia). Esta revisión se articula con conceptos fundamentales de
la teoría del paisaje sonoro y con los marcos teóricos que influyen en su
planteamiento, con el fin de situar el proyecto dentro de las prácticas
contemporáneas del arte sonoro.
Asimismo,
se analiza la efectividad de Viaje Sonoro
como herramienta de transformación perceptiva mediante un estudio cualitativo
apoyado en datos descriptivos cuantitativos obtenidos de 40 participantes. Este
análisis permite describir los cambios en la escucha antes, durante y después
de la experiencia, y valorar su potencial pedagógico y artístico en el contexto
colombiano. De este modo, la investigación combina tres ámbitos relevantes en
el ámbito de investigación: la descripción del proceso creativo llevado a cabo
por Duque, la medición de los resultados perceptivos de su aplicación, y la
evaluación crítica del proyecto desde un marco teórico específico sustentado en
autores fundamentales como Schafer (2013)
y Krause (2013).
2.
Viaje
para la transformación de la percepción auditiva
En
palabras de su autor, “El Viaje Sonoro
es un proyecto de aprendizaje/experimentación del paisaje sonoro a través de
experiencias de escucha activa y consciencia sonora/musical que transforman la
sensibilidad auditiva hacia una relación ecológica y mutualista con el entorno
sonoro” (Duque Hernández, s.f., párr. 1).
Según
Duque Hernández (2018b), el proyecto Viaje Sonoro, surgió como una estrategia
para confrontar la “normalización auditiva marcada por la exposición al ruido” (p.9).
La cual tiene como consecuencia la proliferación de una contaminación acústica,
que ocasiona su principal impacto negativo en el entorno medioambiental, en las
especies que lo habitan. Frente a ello, para este artista es importante
recordar, como plantea Krause (2013, 4:23), que el
medio ambiente funciona como una vasta orquesta, que lamentablemente está
siendo alterada por la creciente necesidad humana de adaptar el entorno a sus
formas de habitar como por ejemplo la tala selectiva, en lugar de buscar
maneras de coexistir en profunda consonancia y sincronía.
Como
una estrategia para contribuir en el fomento de dicha consonancia, la propuesta
de viaje planteada por Duque Hernández (2018b)
propone una experiencia inmersiva, explorativa, interactiva
e incluso educativa, respecto a las distintas sonoridades que forman parte de
un contexto determinado, especialmente el natural.
El
Viaje Sonoro consta de cinco etapas
relevantes y significativas, como se puede ver en la Figura 2, que los
participantes llevan a cabo a lo largo de sesiones de hora y media o dos de
duración. Estas son: 1) introducción al Viaje
Sonoro por medio de la instalación Ondas
y Cuadros; 2) desplazamiento por el entorno (caminata sonora); 3)
interacción con dispositivos creados por el artista (maletas); 4) camping para
escucha atenta, y 5) conversatorio final.
Figura
2: Etapas desarrolladas durante la Experiencia del Viaje Sonoro
Fuente:
Página web oficial del proyecto Viaje
sonoro de Juan Fernando Duque, sobre la intervención realizada en Chinácota
(2018), fotografías realizadas @eljavi.lopez,
información disponible en https://elviajesonoro.weebly.com/chinacota
Para
comprender mejor el desarrollo y la articulación entre cada una de estas etapas,
se hace referencia a la experiencia llevada a cabo en zonas urbanas y rurales
de Chinácota Norte de Santander durante el mes de julio del año 2018 en el
marco del 16 SRA Salón regional de artistas, zona oriente,[2]
bajo la curaduría de un equipo compuesto por la autora de este articulo y los curadores
Alex Brahim y Amparo Cárdenas. El
proyecto Viaje Sonoro fue
seleccionado junto a otras ocho propuestas entre un amplio grupo de proyectos
de arte contemporáneo emergente.
En
la primera etapa de introducción al Viaje
Sonoro, el artista marca el punto
de partida de la inmersión por medio de la exposición Ondas y Cuadros, que creó previamente en la ciudad de Pamplona con
la curaduría de la artista sonora Cielo Vargas, acercó de forma interactiva al público
a importantes conceptos para la comprensión del paisaje sonoro. Según Duque Hernández (2018b), la exposición:
se conforma de cinco
cuadros en total, tres de ellos con capturas sonoras que se repiten
cíclicamente de manera inmutable, su función es ejemplificar la clasificación
de los principales motivos de un paisaje sonoro: tónica, señal y marca sonora,
respectivamente; estos a su vez, se complementan con dos cuadros de carácter
efímero basados en la amplificada del entorno interior y exterior de la
instalación. (p. 68)
El
artista ha aclarado que la explicación concreta de estos conceptos tiene la
finalidad “que el viajero pueda aplicarlos en el desarrollo de la ruta” (Duque Hernández, 2018b, p. 68). Además, para
complementar el visionado y la interacción con los elementos de la muestra, el
artista brinda una visita guiada donde abre el debate inicial y la reflexión
acerca de interrogantes como: ¿qué es el sonido? ¿el ruido?, ¿el silencio? ¿qué
diferencias hay entre oír y escuchar? y ¿qué es un entorno sonoro?
Del
mismo modo, es relevante señalar que “la interfaz de escucha entre los cuadros
y los participantes, se da por medio de los audífonos, enfatizando la
experiencia introspectiva e individual” (Duque
Hernández, 2018b, p. 68). Es significativo destacar que, al inicio de
esta fase, el artista proporciona a los participantes un instructivo donde se
detallan cada una de las etapas del recorrido, para asegurar el máximo
aprovechamiento de la experiencia.
En
la segunda etapa, denominada: Desplazamiento
(caminata sonora) se desarrolla
la práctica con una actividad lúdica de escucha activa del entorno apoyada con el
uso de dispositivos de amplificación con una duración de 25 minutos aproximadamente.
En esta etapa, se hace manifiesto como “caminar se convierte en una práctica
estética (…) hace que uno pueda desplazarse entre la montaña y la ciudad en
lapsos de tiempo cortos apreciando la variedad en los entornos acústicos;
identificando las fuentes sonoras en medio del paisaje sonoro” (Vargas Gómez, 2021, p. 346).
En
la tercera fase, se realiza la interacción total con los dispositivos creados
por el artista, como maletas y accesorios de captura y escucha. A continuación,
en la Tabla 1, se presenta la relación de estos y su función en el proyecto:
Tabla 1: Dispositivos del Viaje Sonoro y sus funciones
|
Dispositivos: |
Descripción: |
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1.
Maleta
|
Para el artista, este es el “símbolo de viaje
introspectivo” (Duque Hernández, 2018b, p.47),
que pretende representar “un viaje honesto consigo mismo, de reencuentro y
reflexión hacia lo que hemos sido en el pasado, somos ahora y queremos ser de
aquí en adelante” (Duque Hernández, 2018b,
p.47). Esta funciona no solo como un contenedor objetual,
sino simbólico que contiene kit sonoro con dispositivos de amplificación,
captura y alteración sonora y con estos las experiencias de escucha. |
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2.
Dispositivos
de Escucha Atenta |
Audífonos |
Constituyen una Interfaz para la conexión con el
entorno interior y exterior. |
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Dispositivo
Amplificador de Sonidos Externos (DASE) |
Según el artista, “ofrece una experiencia de
inmersión amplificando las ondas sonoras del entorno externo” (Duque Hernández, 2018b, p.49) |
|
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Dispositivo
Amplificador de Sonidos Internos (DASI) |
Este elemento está incluido dentro del kit usado,
debido a que: “Aunque capta eventos del entorno externo, su potencial radica
en las sonoridades de carácter íntimo, amplificando superficies de cuerpos
resonantes como la caja torácica para escuchar las pulsaciones del corazón o
vibraciones internas de la voz” (Duque
Hernández, 2018b, p.49) además, otra de sus funciones es que “puede
usarse como micrófono de contacto para transformar objetos y superficies
resonantes en membráfonos o elementos de percusión” (Duque Hernández, 2018b, p.49) |
|
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Dispositivo
Modificador de Ondas Sonoras (DMOS) |
Por medio de este dispositivo, “altera las ondas
sonoras captadas por los dispositivos DASE y DASI para ofrecer una percepción
alternativa de las frecuencias sonoras.”
(Duque Hernández, 2018b, p.49). Todo esto producido “a través de
efectos de distorsión, modulación, retardo, tono, compresión, reverberación y
reducción de ruido” (Duque Hernández, 2018b, p.49). |
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Dispositivo de
Captura Sonora (RECICLOS) |
Este sirve para “capturar eventos sonoros de la
experiencia DASE y DASI, así como las frecuencias alteradas por el
dispositivo DMOS para crear composiciones cíclicas en tiempo real” (Duque Hernández, 2018b, p.49). |
|
Fuente: (Duque Hernández, 2018b)
En
la cuarta etapa, los participantes interactúan con el camping, como se puede
ver en la figura 3, creada para la escucha atenta. Dentro de cuatro carpas dispuestas
en el entorno, durante 20 minutos aproximadamente en estos espacios disfrutan
de momentos de silencio, para poder realizar una experiencia de contacto sonoro
con el entorno, donde “el oído actúa como primera interfaz de escucha” (Duque Hernández, 2018b, p. 29) y se apoya con
algunos dispositivos como el estetoscopio.
La
importancia de esta parada en la estación del silencio radica en que, como
indica Duque Hernández (2018b): “Silencio
es la ausencia de sonidos. Viaje Sonoro
invita a rescatar el silencio como posibilidad de escucha, ya que, al disminuir
nuestra emisión de sonidos, podremos contemplar los entornos que habitamos
dando protagonismo a los sonidos que nos rodean” (p. 26).
Figura 3: Carpas para la
escucha atenta
Fuente:
Página web oficial del proyecto Viaje
sonoro de Juan Fernando Duque, sobre la intervención realizada en Chinácota
(2018), fotografías realizadas @eljavi.lopez,
información disponible en https://elviajesonoro.weebly.com/chinacota
En
la fase conversatorio final, se establece un diálogo con los participantes para
socializar las impresiones de la experiencia, con una duración de 15 minutos
aproximadamente. En la experiencia a la que se hace referencia, tras los
testimonios obtenidos al finalizar la experiencia, se pudo evidenciar que:
Los participantes de las
caminatas sonoras lograron distinguir diversas sonoridades por medio de su
amplificación y., a su vez, manifestaron ser más conscientes de su papel tanto
de receptores como de emisores. Esta situación permitió sobrepasar la frontera
de la observación pasiva a la interacción y disipó los límites entre arte y
vida al resignificar la relación perceptiva con el entorno sonoro. (Bautista Santos, Brahim, & Cárdenas, Alapar,
2019, p.225)
3.
Enfoque
metodológico para el análisis del impacto del viaje en los participantes
Para
poder obtener una medición significativa de esta experiencia en los
participantes, este estudio se llevó a cabo a través de un enfoque cualitativo
con apoyo de un análisis de tipo descriptivo cuantitativo. La muestra fue
aplicada a 40 participantes que fueron distribuidos en dos grupos de 20 cada
uno, con diversidad de procedencia y edad: en lo que se encontraban 10 niños
entre 8 y 12 años, 8 adolescentes entre 13 y 18 años, 22 adultos mayores de 18
años; además, 22 mujeres y 18 hombres, así como 25 habitantes de entorno urbano
y 15 de entorno rural. Este colectivo heterogéneo permitió observar cómo la
experiencia sonora se manifiesta en distintos rangos de edad y contextos de
vida.
Para
desarrollar la recolección de información, se utilizaron tres tipos de
instrumentos complementarios que han permitido registrar la transformación
perceptiva antes, durante y después de la experiencia. En primer lugar, antes
del acceso a la instalación Ondas y Cuadros, se aplicó una encuesta de
conocimientos previos constituida por cinco preguntas abiertas, orientadas a
identificar las concepciones iniciales que los participantes tenían sobre
conceptos relevantes para el viaje como: sonido, ruido, silencio, las
diferencias entre oír y escuchar, y la noción de entorno sonoro.
En
segunda instancia, a lo largo del desarrollo del Viaje Sonoro se ejecutó un registro de observación directa,
comprendido por un conjunto de preguntas breves relacionadas con aspectos,
como: la concentración sonora y la identificación de sonoridades geofónicas, biofónicas y antropofónicas. Este registro abarcó ámbitos como:
comportamientos de escucha, actitudes corporales, verbalizaciones espontáneas y
ejemplos concretos de sonidos percibidos en el recorrido.
Para
complementar esta muestra, se aplicó un cuestionario final y de análisis
comparativo (mixto) que combina preguntas cerradas y abiertas con el fin de
obtener una valoración más profunda de la experiencia, para identificar
posibles transformaciones perceptivas, reconocer diferencias entre entornos
naturales y urbanos, y explorar la conciencia sobre contaminación sonora y los
hábitos previos de escucha.
Del
mismo modo, es relevante señalar que para el tratamiento de la información se
realizó un análisis cualitativo mediante codificación abierta, axial y
categorial, lo que permitió identificar patrones en las respuestas antes y
después del viaje. Se construyeron categorías como: el sonido como fenómeno
físico, perceptivo o experiencial; el ruido como exceso, molestia emocional o
desorden; el silencio como ausencia, estado emocional o plenitud; el acto de escuchar
como atención, comprensión o habilidad social; y el entorno sonoro como
espacio, mezcla o experiencia.
Paralelamente,
se efectuó un análisis cuantitativo descriptivo que permitió observar
tendencias generales. Los resultados indican que el 100% (40 de 40) de los
participantes consideraron la experiencia novedosa, interesante y atractiva.
Además, el 90% (36 de 40) comprendieron las sonoridades geofónicas;
el 100% identificaron biofónicas y el 87.5% (35 de 40)
identificaron antropofónicas. Asimismo, 39 de los 40
participantes afirmaron no haberse detenido antes a escuchar conscientemente; y
35 percibieron contaminación sonora. La integración de ambos enfoques permitió
evaluar de manera sólida la efectividad del
Viaje Sonoro como herramienta de
transformación perceptiva.
4.
Resultados
del Viaje Sonoro arrojados por el
análisis
Los
resultados muestran una transformación perceptiva clara a lo largo de la
experiencia. Antes del Viaje Sonoro,
los participantes expresaron concepciones iniciales fragmentadas sobre los
conceptos fundamentales del paisaje sonoro: el sonido fue entendido
principalmente como percepción o estímulo, el ruido como molestia o exceso, y
el silencio como ausencia o estado emocional. Aunque las diferencias entre oír
y escuchar fueron reconocidas con relativa claridad, el concepto de entorno
sonoro generó confusión en una parte significativa del grupo, lo que evidenció
la necesidad de mediación pedagógica.
Durante
el recorrido se observaron cambios inmediatos en la forma de escuchar. La
caminata favoreció la atención focalizada (22 participantes), mientras que el
camping propició una escucha introspectiva (18 participantes). Asimismo, la
identificación de sonoridades fue altamente efectiva: 36 de 40 reconocieron geofónicas, 40 de 40 biofónicas y
35 de 40 antropofónicas, aportando ejemplos concretos
como el río, la lluvia, los cantos de aves, los pasos sobre hojas o el sonido
de motores. La observación directa evidenció comportamientos de escucha activa,
como detenerse, ajustar la postura o señalar fuentes sonoras específicas.
Después
del viaje, los resultados confirmaron una transformación perceptiva profunda.
La totalidad de los participantes (40/40) describió la experiencia como
novedosa, interesante y atractiva, y algunos la calificaron como “divertida” o
“necesaria”. Las respuestas abiertas revelaron una toma de conciencia explícita
sobre la escucha cotidiana: “Nunca me había detenido a escuchar atentamente los
sonidos del espacio que habito” o “Vivimos inmersos en un mundo sonoro donde no
distinguimos entre ruido, silencio y tipos de sonido”.[3]
Además, 40 de 40 afirmaron haber adquirido una nueva forma de percibir el
sonido, 39 de 40 reconocieron no haberse detenido antes a escuchar
conscientemente los espacios que habitan y 35 de 40 identificaron contaminación
sonora durante el recorrido, especialmente asociada a música alta y motos. En
conjunto, los datos evidencian que el Viaje
Sonoro promueve una escucha crítica, consciente y sensible, coherente con
los principios de la ecología acústica y con los objetivos de la propuesta
artística.
5.
Discusión
critica de los resultados
Los
resultados expuestos ponen en evidencia que la propuesta Viaje Sonoro logra funcionar como un instrumento capaz de potenciar
procesos de transformación de la percepción auditiva de los participantes, todo
esto en coherencia con los principios de la ecología acústica. Es relevante
señalar que previamente de la experiencia, se pudo detectar que las
concepciones sobre sonido, ruido, silencio y entorno sonoro eran parciales o
confusas, especialmente en relación con el último de estos conceptos, lo que
confirma la relevancia de este tipo de intervenciones artísticas, con cierto componente
pedagógico, que posibilitan la comprensión el paisaje sonoro más allá de la
intuición cotidiana.
Durante
el desarrollo del recorrido, se pudo comprobar cómo esta propuesta promueve la
alfabetización sensorial por medio de acciones como la identificación sensible
de sonoridades. Esta iniciativa se alinea con los planteamientos de Krause
(2013) sobre la necesidad de reconocimiento de la diversidad acústica de los
ecosistemas y los fundamentos de Schafer (2013) sobre la escucha activa como
estrategia vital para comprender los vínculos entre sonido y entorno. En este
caso de estudio, el hecho de que los participantes lograran distinguir diversas
capas sonoras en un territorio natural como Chinácota confirma que la
experiencia favorece una escucha más fina y orientada a la observación crítica.
De
igual forma, el hecho que 35 de 40 de que los participantes hayan resaltado su
percepción sobre la contaminación sonora, demuestra que el Viaje Sonoro no solo
promueve la sensibilización sonora, sino también la concientización ecológica
sobre el impacto de la intervención humana en los entornos sonoros.
Al
finalizar los receptores de este viaje no solo denotaron la valoración positiva
de la experiencia, sí evidenciaron a través de sus testimonios haber adquirido
una nueva sensibilidad como perceptores de sonido, revelando así que el alcance
de este tipo de planteamientos artísticos no se limita a transmitir
información, sino que genera una vivencia estética y afectiva que reorganiza la
relación del sujeto con su entorno. En este sentido, el Viaje Sonoro se posiciona como una práctica artística que articula
creación, pedagogía y ecología acústica, contribuyendo a ampliar el campo del
arte sonoro en Colombia y a descentralizarlo hacia territorios no urbanos.
6.
Conclusión
El
conjunto de fases que conforman el Viaje
Sonoro demuestra que la propuesta constituye una experiencia integral en la
que se genera una retroalimentación constante entre el artista, la obra y los
participantes. Para el artista, este proyecto ha sido un proceso sostenido de
investigación-creación sobre el paisaje sonoro, desde el cual problematiza los
sonidos de los entornos que habita y reflexiona sobre la contaminación
acústica. De esta forma, la obra se convierte en un espacio de experimentación donde
es posible diseñar y poner en práctica estrategias orientadas al fomento de la conciencia
auditiva.
Concebido
como un viaje dirigido a públicos diversos (incluidos aquellos que no son consumidores
habituales de arte), el proyecto articula el potencial educativo del formato
expositivo con la riqueza sonora que envuelve cotidianamente a los
participantes, aunque muchas veces pase desapercibida. A través de las
dinámicas y dispositivos diseñados por el artista, los participantes abandonan
el rol tradicional de receptores pasivos y se involucran en una experiencia de
escucha consciente que les permite acercarse sensiblemente al paisaje. Cada
tipo de fuente sonora propicia percepciones distintas que favorecen la
comprensión y la sensibilización respecto al entorno. Los testimonios recogidos
evidencian la ausencia de hábitos de escucha atenta y la sorpresa ante la
riqueza sonora de lugares que, aun siendo conocidos, nunca habían sido
percibidos con tal nivel de detalle. En términos generales, la experiencia
generó agrado, motivación y admiración.
A
partir de estas impresiones, puede concluirse que propuestas como el Viaje Sonoro, aún poco visibles en el
contexto nacional e internacional, trascienden los límites tradicionales de la
relación artista–obra–espectador. Su uso evocador del sonido invita a los
participantes a convertirse en agentes activos dentro de una experiencia
inmersiva y multisensorial. En un continente como el latinoamericano,
caracterizado por su diversidad cultural y su riqueza acústica, este tipo de
iniciativas contribuye a la expansión del panorama del arte sonoro y a
fortalecer su presencia en contextos como el colombiano.
La
concientización sobre las sonoridades geofónicas, biofónicas y antropofónicas Krause
(2013) constituye un eje central del proyecto. Los participantes lograron
conectar con elementos del territorio (como el murmullo del río Iscala, el viento en los árboles o el canto del Copetón
común) y también reconocer el impacto de las sonoridades antropofónicas,
especialmente aquellas asociadas a la contaminación sonora. En el Viaje Sonoro, estas capas acústicas no
solo coexisten, sino que dialogan entre sí, revelando una escucha expandida del
territorio colombiano. El participante inicia o profundiza procesos de
alfabetización sonora vinculados a nociones como tónica, señal y marca sonora Schafer
(2013), desarrollando así una mayor sensibilidad hacia su entorno.
Para
ello, la obra se apoya en estrategias como la amplificación de sonido, el uso
de audífonos y la escucha atenta dentro de las carpas, además de los espacios
de debate que se generan antes, durante y después del recorrido. Estos momentos
de reflexión crítica permiten profundizar en conceptos como la diferencia entre
sonido y ruido y consolidan la dimensión pedagógica del proyecto.
Finalmente,
propuestas como esta aportan de manera significativa al desarrollo del arte
sonoro en Colombia. No solo vinculan la escucha consciente con la construcción
de identidad, la introspección y la ecología acústica, sino que también
descentralizan la producción artística más allá de los centros urbanos,
visibilizando territorios periféricos y fomentando la escucha como una
manifestación estética y cultural basada en la presencia y la contemplación.
7.
Referencias
bibliográficas
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Fecha de
recepción: 24/03/25
Fecha de
aceptación: 03/03/26
[1] Juan Fernando
Duque Hernández, nació el 29 de Julio de 1987 en San José del Guaviare, se
define como un Artista Colombiano en formación que asume el entorno sonoro como
escenario propicio para la transformación de la sensibilidad auditiva
cultivando las competencias sonológicas de escucha atenta, y emisión
consciente/responsable de sonidos a través de un desarrollo de estrategias
pedagógicas como dinámicas de interacción y el uso de interfaces para la
escucha que despierten la curiosidad de los participantes.
[2] Proyecto premiado dentro
de la convocatoria de becas de investigación curatorial convocada por el
Ministerio de cultura de Colombia, dentro del programa de estímulos del año
2017.
[3] Testimonios obtenidos del
cuestionario aplicado a los participantes de la experiencia Viaje Sonoro Chinácota, realizada en el
marco del 16.º Salón Regional de Artistas, Zona Oriente (2018). Fuente no
publicada.